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Olas de calor y sequías reducirán la producción agrícola europea un 5 %

Ante el creciente impacto de las temperaturas extremas en el crecimiento de los cultivos, la disponibilidad de agua y la productividad en el trabajo, productores de toda Europa se están replanteando cómo gestionar los riesgos relacionados con el calor en todas sus actividades.

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El aumento de las temperaturas y las olas de calor tan prolongadas generan una presión cada vez mayor sobre la producción agrícola. Una investigación del Banco Central Europeo (BCE) señala que las olas de calor y las sequías reducirán la producción agrícola en un promedio del 5 % en toda Europa. 

Los productores de los países del sur de Europa, como Grecia, Italia y España, ya tienen experiencia con el calor extremo. Pero ahora en algunas regiones más al norte, países como Alemania o Francia también se enfrentan al estrés térmico y a sus consecuencias en las actividades de producción. Solo en Alemania, la primavera tan seca y la ola de calor de finales de junio de 2026 han provocado unas pérdidas económicas estimadas en 6.300 millones de euros. 

Dado que los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes e intensos, la gestión eficaz del calor se ha convertido en una prioridad empresarial, no solo en una preocupación estacional. Para mejorar la resiliencia y reducir las interrupciones operativas, los productores deben comprometerse a realizar cambios en las áreas donde estos episodios de calor extremo tienen mayor impacto.

“El calor extremo ya no puede considerarse algo excepcional”, asegura René Capote, experto técnico superior de Agraya. “Los productores necesitan prácticas de gestión que ayuden a proteger a los trabajadores y los recursos, y a mantener la productividad a pesar de que las condiciones sean cada vez más inestables”.

Capote destaca cinco áreas que merecen especial atención:

  1. Considerar el calor como un riesgo empresarial. El estrés térmico afecta a muchos aspectos de las actividades de la finca y debe abordarse mediante una gestión de riesgos estructurada. Los productores deberían incluir el calor en la evaluación de riesgos de la finca como un riesgo potencial para la salud y la seguridad, e identificar los ámbitos más vulnerables de sus actividades. Las altas temperaturas pueden afectar a los trabajadores, a las infraestructuras, a las actividades cotidianas e incluso a la aplicación y la eficacia de los productos fitosanitarios y los fertilizantes. Las evaluaciones de riesgos periódicas, revisadas al menos anualmente, ayudan a los productores a adaptar sus prácticas antes de que lleguen a producirse interrupciones.
  2. Preparar al personal para el calor extremo. La producción de frutas y hortalizas es un trabajo intenso que depende en gran medida de que los trabajadores estén sanos y sean productivos, sobre todo durante los períodos de cosecha críticos. La exposición prolongada a altas temperaturas afecta a la concentración, al rendimiento físico y al bienestar integral, lo que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor o accidentes laborales que, en última instancia, pueden causar interrupciones en el trabajo. Ajustar los horarios de inicio de trabajo, por ejemplo, durante las olas de calor, ayuda a proteger a los trabajadores y a mantener su productividad. 
  3. Reforzar la gestión responsable del agua. El agua se ha convertido en un recurso esencial, incluso cuando no hay sequía u olas de calor. Cuando se realiza una buena gestión del agua, los responsables de la toma de decisiones disponen de herramientas para evaluar los riesgos y prepararse ante posibles interrupciones antes de que se produzcan. Una estrategia integral de gestión del agua debería abarcar la evaluación de las fuentes, los sistemas de riego, las redes de distribución y el impacto ambiental, fomentando al mismo tiempo la eficiencia a largo plazo. 
  4. Usar los datos de la finca para realizar un riego más eficaz. Si bien suele aumentar la demanda de agua cuando hay altas temperaturas, las decisiones sobre el riego deberían basarse en las condiciones locales y en datos fiables. Existen herramientas, como los sistemas de riego por goteo, los sensores de humedad del suelo y los datos de previsión meteorológica, que pueden ayudar a los productores a dosificar el agua con mayor precisión para un uso más eficiente, y para favorecer una mejor salud y una mayor productividad de los cultivos. Una gestión eficaz del agua también puede pasar por seleccionar variedades de cultivos más adecuadas o, cuando resulte apropiado, cambiar a cultivos que se adapten mejor al clima local y a la disponibilidad de agua.
  5. Prepararse para un futuro más caluroso. La última ola de calor ha dado una importante lección a los productores europeos: la gestión del calor forma parte de un proceso de mejora continua que conecta la gestión de los trabajadores, la gestión responsable del agua, la planificación de infraestructuras y la continuidad del negocio. Ante unas condiciones de cultivo cada vez más complicadas, aquellas fincas que revisen sus prácticas periódicamente, inviertan para prepararse y refuercen la resiliencia en todas sus actividades tendrán más probabilidades de obtener mejores resultados. Para prepararse para el futuro, se deben tomar medidas como actualizar la evaluación de riesgos periódicamente, revisar las necesidades de infraestructura y asegurarse de que la gestión del calor siga formando parte de la planificación empresarial a largo plazo.

Mejorar la resiliencia a través de la mejora continua

Ninguna práctica ni tecnología en la finca evitará una ola de calor, pero los productores pueden utilizar diversas herramientas y medidas de adaptación para reducir sus consecuencias. Los sistemas aseguramiento de fincas ofrecen a los productores una vía para prepararse y hacer frente a condiciones de cultivo adversas.

Las normas modernas permiten que los productores adopten un enfoque estructurado de la evaluación de riesgos, el bienestar integral de los trabajadores, la gestión del agua y la mejora continua. Proporcionan un marco práctico para identificar vulnerabilidades y reforzar la gestión diaria de la finca. 

“Las normas independientes y verificadas son potentes herramientas que ayudan a los productores a afrontar los crecientes retos como consecuencia del cambio climático”, asegura René Capote. “Los marcos consolidados, como GLOBALG.A.P., ya ayudan a que se tomen mejores decisiones en las fincas. De cara al futuro, estamos desarrollando nuestra Solución de Sostenibilidad Ambiental (ESS) para ayudar a los productores a abordar retos como el estrés térmico, la gestión del agua y la eficiencia de los recursos mediante un enfoque estructurado y escalable”.