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Holanda gestionó el 52 % de las importaciones de limón europeas hasta el pasado 20 de agosto.
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La UE debe corregir un modelo de importación que genera desequilibrios en cítricos

Según afirma Ailimpo en este artículo, la política comercial de la UE no puede proteger el modelo conjunto holandés y sudafricano a costa de los agricultores españoles.

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Holanda se ha consolidado como una de las principales puertas de entrada de cítricos procedentes de terceros países al mercado comunitario. Su posición logística y portuaria le ha permitido desarrollar un potente modelo de importación, intermediación y comercialización hacia otros Estados miembros.

Durante la campaña 2024/25, más de 2,34 millones de toneladas de cítricos (naranjas, limones, pomelos, mandarinas y limas) fueron importadas en la Unión Europea (UE).

De este volumen, más de 1,32 millones de toneladas entraron a través de los puertos neerlandeses, lo que representa aproximadamente un 57 % del total.

Holanda y Sudáfrica, aliados

El principal socio comercial de Sudáfrica es Holanda, o quizás es al revés, el principal socio de Holanda es Sudáfrica. O quizás realmente hay una sociedad casi perfecta, pero donde solo gana Holanda.

En la misma campaña 2024/25 se importaron en la UE 1,05 millones de toneladas de cítricos, de las que 692.000 toneladas entraron por puertos holandeses (66 %).

África del Sur tiene una enorme dependencia de su socio holandés, un socio que expone a África del Sur un fuerte riesgo comercial y reputacional.

Obviamente la mayor parte de este volumen no está destinada al consumo del mercado holandés (apenas 18 millones de habitantes), sino a su posterior redistribución hacia otros mercados europeos. Esta actividad comercial es legítima, pero se puede cuestionar el impacto que tiene sobre el equilibrio del mercado europeo cuando el incremento de las importaciones genera stocks y coincide con la campaña de producción europea, presionando los precios a la baja, debilitando el principio de contraestación y reduciendo, en la práctica, la preferencia por los cítricos producidos en la UE.

El problema no es importar. El problema es cómo, cuándo y en qué condiciones se importan y redistribuyen esos productos. El resultado es evidente: el riesgo económico de la sobreoferta recae sobre el agricultor europeo, fundamentalmente español.

También podría haber otras consecuencias no deseadas (imagen del origen del producto, reputación, percepción el riesgo fitosanitario…), además de tensiones en el mercado que justificarían la reacción al nivel político.

Dos modelos comerciales y una cuestión de fondo

Existe una diferencia sustancial entre el modelo holandés de intermediación / comisionista basado en la importación masiva de cítricos procedentes del hemisferio sur – fundamentalmente de Sudáfrica, pero también de otros orígenes como Egipto o Marruecos- y su posterior redistribución en un mercado spot, y los modelos de suministro planificado que operan en otros Estados miembros, como es el caso de España.

La concentración de operaciones holandesas en el mercado spot genera importantes desajustes entre oferta y demanda cuando los volúmenes importados colisionan con la producción europea. El efecto es una presión directa sobre las cotizaciones y, en consecuencia, sobre la rentabilidad de los agricultores europeos.

En España, Francia e Italia, una parte importante de las importaciones se orienta a atender el consumo europeo durante la contraestación, mediante programas de suministro planificados y ordenados entre importadores y supermercados. El objetivo es garantizar la disponibilidad de producto durante todo el año, mantener el consumo y respetar la lógica de la contraestacionalidad, dando prioridad al producto europeo cuando está disponible.

No estamos, por tanto, ante un debate entre importación sí o importación no. Estamos ante un debate sobre equilibrio de mercado, reparto del riesgo, competitividad de la categoría de cítricos, y responsabilidad del principal proveedor del mercado citrícola, en este caso compartida entre Holanda y África del Sur.

La UE debe analizar si las dinámicas comerciales que se realizan en el espacio europeo están generando efectos incompatibles con los objetivos de sostenibilidad económica, social y medioambiental en los que los productores europeos están fuertemente comprometidos.

Existe aquí una cuestión política que la UE debe abordar: ¿Es razonable que los beneficios de la intermediación y la reexportación queden en manos de operadores especuladores mientras que una parte sustancial del riesgo económico derivado de la sobreoferta sea asumido por los agricultores?

La respuesta no puede ser afirmativa. El productor europeo no puede convertirse en la variable de ajuste de un sistema comercial cuyo principal incentivo sea incrementar los volúmenes movidos por el mercado en un modelo basado en la generación de comisiones en función de volúmenes de fruta y en la generación de negocio logístico y servicios portuarios holandeses.

Y tampoco debe olvidarse que este modelo va a perjudicar claramente a los propios productores de terceros países. Cuando la estrategia consiste en importar grandes cantidades de producto en un mercado ya abastecido, la presión sobre los precios terminará afectando tanto al agricultor europeo como al productor del país tercero. Sin duda, los precios que percibirán los agricultores sudafricanos o egipcios estarán también afectados negativamente por la dinámica del modelo holandés. Curiosamente los operadores holandeses nunca pierden. Es evidente que se trata de un modelo de negocio que no es sostenible ni socialmente admisible.

La experiencia de 2026 con el mercado de limón exige una respuesta política

Lo ocurrido durante el verano de 2026 con unos volúmenes récord de importación de limón sudafricano en la UE debe servir como una clara señal de alarma.

En la campaña 25/26 actual y hasta el 20 de agosto se han importado en la UE 448.000 toneladas de limón de terceros países, de las que Holanda ha gestionado 231.000 (un 52 %), en su mayor parte procedentes de África del Sur, una cifra récord que ha generado un importante stock al exceder con mucho las necesidades del mercado, y que sin duda dificulta el inicio de la campaña de limón producido en Europa con calidad deficiente en una fruta sudafricana stockada varias semanas en los puertos holandeses, y que se ofrece a precios a precios de liquidación al no existir un incentivo como consecuencia de un modelo de negocio en consignación.


La UE debe avanzar hacia un sistema que permita compatibilizar la actividad comercial y la disponibilidad de cítricos durante todo el año con una gestión responsable de los flujos de importación.

La agricultura europea no puede ser el coste oculto de la eficiencia logística

La UE necesita un mercado abierto, competitivo y eficiente. Pero un mercado abierto no puede ser un mercado sin reglas de equilibrio.

Europa debe defender el comercio y garantizar el abastecimiento de los consumidores con cítricos de calidad y garantías de calidad y fitosanitarias, pero también debe defender a quienes producen en Europa. Debe garantizar la disponibilidad de cítricos durante todo el año, pero sin permitir que la planificación comercial de terceros países termine destruyendo la rentabilidad de las campañas comunitarias.

Y debe proteger la libre circulación de mercancías, pero sin permitir que la ventaja competitiva de determinados centros logísticos se construya a costa de los agricultores de otros Estados miembros.