El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Cereza del Jerte prevé certificar esta campaña 10 millones de kilos, gracias a la consolidación de las nuevas variedades introducidas el año pasado: Van, Lapins y Burlat. “Las previsiones son esperanzadoras”, afirma José Antonio Tierno, su presidente, a pesar de la incidencia de las últimas lluvias en las variedades de media estación como Van.
Las primeras cerezas fueron certificadas a finales de abril, dando así el pistoletazo de salida a un ejercicio que concluirá en julio con la variedad Lapins, que supone en torno al 40 % del total.
Antes habrá llegado la ‘estrella’ de las cerezas españolas, la picota. Lo ha hecho sobre mitad de junio y ha llegado a un mercado que exige un calibre cada vez mayor, penalizando su consumo -la picota es pequeña- y, con él, el cultivo.
“La superficie de picota está cayendo porque su rentabilidad es menor a la de otras variedades”, lamenta Tierno, quien insiste en su singularidad y la necesidad de seguir promocionándola para diferenciarla del resto de cerezas y poner en valor sus virtudes.
La picota es una cereza firme, con un elevado Brix y una postcosecha excepcional gracias, precisamente, a que el rabo se desprende de forma natural, sin dejar ‘herida’.
Sin embargo, solo España y Reino Unido son fieles consumidores de picota, una fruta que encuentra barreras en mercados como el alemán, que no ve con buenos ojos una cereza desarrabada. “Para los consumidores alemanes, el rabo es un indicador de frescura y no tenerlo, un defecto”, explica.
En España, por el contrario, el estatus de la picota es tal que, aun a día de hoy, continúa existiendo fraude con la venta de cerezas desrrabadas como picotas. Para terminar con esta práctica, desde la DOP Cereza del Jerte insisten en la importancia de que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) no sólo diferencie entre las cerezas que se pueden recolectar con o sin rabo, sino que determine cuáles son las variedades de picota.
“Cualquier variedad que se pueda recolectar sin rabo no es una picota”, sentencia Tierno.












