Hungría es un productor a tener en cuenta de hortalizas en los meses de verano. Su oferta sirve para satisfacer las necesidades del mercado doméstico y también se atreve con exportaciones medidas a Austria, República Checa y algunas regiones de Alemania.
Hungría cuenta con experiencia en la producción de pepinos. No son pepinos largos, sino que corresponden a pepinos cortos tanto para conserva como para fresco.
El pepino ha experimentado un desarrollo a tener en cuenta en los dos últimos años, debido al cambio climático. Un cambio climático que supone un desafío y una oportunidad, según el colectivo de horticultores FruitVeb.
Los datos de FruitVeb -la Interprofesional Húngara de Hortalizas y Frutas- señala que la superficie de pepino para conserva alcanzó durante 2025 las 330 hectáreas y la cosecha alcanzó las 20.000 toneladas.
Las plantaciones de este tipo de pepinos requieren cada vez más mano de obra, porque el cambio climático está condicionando los caudales de oferta.
«Los golpes de calor hacen que la recolección sea más rápida y en momentos muy puntuales, y ya no sirven todas las variedades, porque los impactos de estrés térmico son cada vez mayores», expone el colectivo FruitVeb.
El cambio climático ha disparado una serie de plagas desconocidas en estas zonas de producción y «cuesta más trabajo conseguir una agricultura exitosa. La aplicación de tecnologías más modernas y métodos de control alternativos en este segmento serán fundamentales en el futuro», señala el colectivo FruitVeb.
Pepino serpiente
Y mientras el pepino para conserva vive momentos de duda, el pepino serpiente eleva sus cifras y prestaciones. En los últimos 8 años, su superficie se ha duplicado y ya se cultivan casi 150 hectáreas, con una producción anual que ronda las 50.000 toneladas.
Las tecnologías modernas han facilitado que el rendimiento se eleve y el uso de control biológico ha sido clave para elevar los rendimientos por metro cuadrado.
El colectivo FruitVeb recuerda que el verano es un periodo de alta demanda, pero también que las altas temperaturas condicionan el cultivo, ya que «el calor prolongado aumenta el riesgo de infecciones virales y debilita la planta».












