Los supermercados españoles acumulan ya un sobrecoste de aproximadamente 110 millones de euros desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio, situación que se ha visto agravada con el nuevo empuje de la inflación en agosto, que alcanzó el 4,3 % impulsada sobre todo por los carburantes.
Este ha sido, de hecho, uno de los sectores «más inflacionistas», ha recordado este martes la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) en un comunicado, que apunta a un incremento del precio de los carburantes de un 9,5 %, el más alto desde agosto de 2022.
El precio de los alimentos, por su parte, se encareció un 2,3 %, 7 décimas más que en julio, vinculado sobre todo a factores como el coste de la energía y climáticos. Aun así, «la inflación alimentaria se mantiene dos puntos por debajo del IPC general», señalan desde Asedas y recuerdan que, ya en junio, registró su tasa interanual más baja desde principios de 2025.
Estos datos demuestran, según Asedas, «el esfuerzo de absorción de costes para moderar los precios al consumidor por parte de los supermercados», que se refleja en la «máxima contención» de los PVPs, a pesar del encarecimiento del combustible, la electricidad, los fletes y determinadas materias primas.
Todo ello, señalan, demuestra una vez más la «fortaleza de la gran distribución alimentaria como dique de contención frente a la inflación gracias a su alta competitividad».
«El encarecimiento de los precios de alimentación supone para las empresas perder competitividad, cuota de mercado y márgenes», lamentan y recuerdan que, ya en 2022-23, -período de alta inflación- «los márgenes de las empresas registraron sus índices más bajos de los últimos años -un 1,85 % en 2022-«, según recoge el informe de Distribución Alimentaria de Proximidad de ASEDAS y Retail Data 2025.


















