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«El WPC pretende convertirse en el gran punto de encuentro del sector del pistacho»

Toledo será el próximo mes de enero de 2028 la capital mundial del pistacho, gracias al World Pistachio Congress (WPC) y el director del mismo, Ricardo Miguelañez nos habla en esta entrevista del presente y del futuro de este cultivo.

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F&H: ¿Cómo surgió la idea del World Pistachio Congress?

R.M: «La idea del World Pistachio Congress (WPC) surge en un momento muy concreto: el pistacho está viviendo una expansión global muy rápida y, sin embargo, el sector no contaba con un espacio internacional estable que integrara a todos sus actores bajo una misma visión.

El punto de partida es la constatación de que se trata de un cultivo con una proyección extraordinaria. La producción mundial se acerca ya al millón de toneladas, aunque debido a la vecería puede bajar hasta las 700.000 t, un 36% menos, como en esta última campaña. Pero en circunstancias normales continúa creciendo. Se trata también de un sector muy fragmentado, con países productores con importantes cosechas, como Estados Unidos, Irán o Turquía y otros, como España, que están incorporándose en los últimos años, pero creciendo de forma considerable.

El WPC nace precisamente para cubrir ese vacío: no como una feria comercial al uso, sino como una plataforma internacional de conocimiento, cooperación e innovación, capaz de conectar Ciencia, producción, industria y mercado. Tal y como recoge la propia estructura del proyecto, la idea es crear un espacio permanente de diálogo y transferencia de conocimiento y construcción de sector, con vocación global y continuidad en el tiempo».

F&H: ¿Qué objetivos se plantean con la celebración de este evento?

R.M: «El World Pistachio Congress tiene como objetivo central convertirse en el gran punto de encuentro internacional del sector del pistacho, pero sobre todo en una herramienta útil para el desarrollo de su producción y procesamiento industrial.

El Congreso busca impulsar la transferencia de conocimiento entre países y disciplinas, favoreciendo el intercambio entre investigadores, productores, industria y comercialización. También pretende reforzar la innovación aplicada al cultivo, desde el manejo agronómico hasta la transformación industrial en la eficiencia de los procesos.

Otro de los objetivos fundamentales es contribuir a la profesionalización del sector de pistacho a escala global, en un contexto de crecimiento muy rápido donde muchas estructuras productivas todavía están en fase de consolidación.

El WPC, tal y como refleja su planteamiento oficial, aspira además a fomentar la cooperación internacional y a construir una red estable de trabajo entre los principales países productores y los mercados emergentes, con especial atención a la sostenibilidad y al equilibrio entre producción y demanda».

F&H: ¿Qué les motivó a su internacionalización?

R.M: «La internacionalización no es una decisión estratégica añadida, sino una consecuencia natural del propio cultivo. El pistacho es un producto global desde su origen productivo hasta su consumo, con una cadena de valor distribuida en distintos continentes. Por eso, un Congreso de estas características no tendría sentido si no nace con vocación internacional desde el primer momento.

La motivación principal es doble. Por un lado, comparará modelos productivos muy distintos entre sí, desde sistemas altamente tecnificados, como el de California, hasta modelos en expansión como el español u otros más tradicionales, como Irán o Turquía. Por otro, facilitará el intercambio real de conocimiento entre regiones que están en fases muy diferentes de desarrollo.

Además, la internacionalización permite dar visibilidad al papel creciente de España, y en particular de Castilla-La Mancha, que se ha convertido en el principal núcleo productor del país y en uno de los polos emergentes del cultivo a nivel europeo. El objetivo es situar ese crecimiento dentro de un contexto global, evitando una visión localista de un cultivo que es, por definición, internacional».

F&H: Las previsiones iniciales afirman que la cosecha mundial de pistacho caerá un 36 % mientras que la española sigue al alza. De hecho, ya es el quinto productor mundial. ¿A qué creen ustedes que es debido y qué proyección sigue teniendo en nuestro país?

R.M: «El pistacho es un cultivo muy condicionado por su propia biología, especialmente por la vecería, que provoca alternancia natural entre años de alta y baja producción. A esto se suman factores climáticos, que pueden afectar de forma muy significativa a la producción en países con gran volumen, como Estados Unidos o Irán, lo que explica las oscilaciones globales.

En el caso de España, la situación es distinta, porque el cultivo se encuentra todavía en una fase incipiente de expansión estructural. Muchas plantaciones están entrando progresivamente en producción, lo que generará un crecimiento sostenido con independencia de la variabilidad de las campañas.

España ha pasado en muy poco tiempo a situarse entre los principales productores mundiales, aunque con cifras aún muy moderadas de superficie y producción, impulsada por un aumento constante del cultivo, que roza ya las 90.000 hectáreas (dato provisional del Esyrce, 2025, del MAPA), y por la progresiva entrada en producción de nuevas explotaciones más modernas, altamente tecnificadas y adaptadas a condiciones de secano y clima continental.

La proyección del sector en España es claramente positiva para los próximos años, aunque el gran reto no será solo aumentar producción, sino también consolidar una estructura industrial y de comercialización capaz de absorber ese crecimiento continuo de la demanda de consumo y generar valor añadido».

F&H: Castilla La Mancha se erige como el lugar ideal para el cultivo de pistacho, no en vano el Congreso se celebra en Toledo y esta Comunidad Autónoma cuenta con 69.441 hectáreas de las 89.794 has registradas en 2025 en nuestro país, ¿esto es algo coyuntural o creen que este desarrollo ha venido para quedarse?

R.M: «Es claramente un fenómeno estructural. Castilla-La Mancha reúne una combinación de factores que explican su liderazgo: disponibilidad de superficie agraria, condiciones climáticas adecuadas para el pistacho, experiencia creciente de los agricultores en cultivos leñosos y un ecosistema técnico y de investigación que ha acompañado el desarrollo del cultivo desde sus primeras fases.

En la actualidad, la región concentra aproximadamente el 80% de la superficie de pistacho en España, lo que la convierte en el auténtico epicentro del cultivo en el país y en una de las zonas más relevantes del continente europeo.

Este liderazgo no responde a una coyuntura puntual, sino a un proceso de transformación agrícola, que ha ido consolidándose durante más de una década y que tiene continuidad en el medio y largo plazo, aunque con una expansión progresiva hacia otras zonas del interior peninsular con condiciones similares».

F&H:¿Qué aporta el pistacho a un agricultor que esté, por ejemplo, pensando en cambiar su cultivo de melón o sandía por el de este fruto seco?

R.M: «El pistacho supone un cambio profundo de modelo agronómico y económico. Frente a cultivos hortícolas como el melón o la sandía, que dependen de campañas anuales, precios de mercado muy variables y una elevada intensidad de manejo, el pistacho introduce una lógica de inversión a largo plazo.

Se trata de un cultivo que requiere una fase inicial de implantación y desarrollo, pero que posteriormente ofrece una mayor estabilidad productiva, menor dependencia del mercado inmediato y una adaptación muy interesante a escenarios de estrés hídrico, cada vez más frecuentes en la agricultura mediterránea.

Por eso, más que una alternativa puntual, el pistacho se está convirtiendo en muchos casos en una decisión estratégica de reconversión agraria hacia modelos más sostenibles y previsibles en el tiempo».

F&H: ¿Cuáles son los grandes retos del sector del pistacho?

R.M: «Puede compartir una dinámica de crecimiento, pero son cultivos con naturalezas muy diferentes. El aguacate ha crecido muy ligado a tendencias de consumo fresco y a mercados muy concretos, mientras que el pistacho tiene un comportamiento más global y estable dentro del mercado de frutos secos.

En ese sentido, el pistacho no depende tanto de modas de consumo, sino que se integra de forma más estructural en la dieta global, lo que le da una base más sólida a largo plazo. Por tanto, ambos pueden coexistir en trayectorias de éxito, pero con lógicas de mercado y consolidación distintas».

F&H: ¿Creen ustedes que puede seguir un camino de éxito paralelo al del aguacate?

R.M: «El pistacho y el aguacate comparten un elemento común evidente: ambos han pasado en relativamente poco tiempo de ser cultivos minoritarios o de nicho a ocupar un espacio protagonista en la agricultura global y en la conversación agroalimentaria internacional. Sin embargo, su lógica de crecimiento no es exactamente la misma.

El aguacate ha crecido muy vinculado a una fuerte expansión de la demanda de fruta fresca en determinados mercados y a una dinámica muy directa entre producción y consumo. El pistacho, en cambio, tiene un comportamiento más estable y estructural dentro del mercado de frutos secos, con una demanda más distribuida geográficamente y menos sujeta a modas de consumo.

Por eso, más que hablar de caminos idénticos, lo correcto es hablar de trayectorias paralelas en el sentido de éxito y consolidación, pero con fundamentos distintos. El pistacho tiene una ventaja importante en términos de vida útil, versatilidad industrial y posicionamiento como producto saludable con presencia constante en la dieta global, lo que le da una base de crecimiento muy sólida a largo plazo.

En ese sentido, sí puede seguir una senda de éxito comparable en términos de expansión internacional y valor de mercado, pero con una evolución más estable y menos volátil que otros cultivos emergentes».

F&H: ¿Dónde puede estar el techo en el cultivo del pistacho?

R.M: «Más que hablar de un techo inmediato, hay que hablar de una fase de progresiva maduración del sector. A nivel global, el consumo de pistacho sigue teniendo margen de crecimiento, especialmente en mercados donde todavía no está plenamente desarrollado. En España, el límite no vendrá tanto por la capacidad de producir, sino por la capacidad de transformar, comercializar y equilibrar la oferta con la demanda real del mercado. El verdadero techo no es agronómico, sino estructural: dependerá de cómo evolucione la industria, la organización del sector y la creación de valor añadido en torno al producto».