La lucha contra el desperdicio alimentario se consolida como un factor cada vez más relevante en las decisiones de compra y, hasta el 78% de los consumidores, afirma que conocer las iniciativas de los establecimientos para reducir el desperdicio influye en su elección de tienda, lo que refleja una mayor sensibilidad y exigencia hacia el sector. Así se desprende de la 3º edición del Barómetro de AECOC en colaboración con Phenix sobre Desperdicio Alimentario presentado hoy en Alimentaria
Este interés se produce en un contexto de mejora progresiva de los hábitos en el hogar. En la última década, ha crecido un 53% el número de hogares que gestionan mejor sus alimentos. Sin embargo, todavía existen retos importantes, pues un 23% reconoce que sigue tirando comida y el mismo porcentaje considera que desperdicia más de lo que le gustaría, mientras que el 86% admite sentirse mal cuando un producto se estropea.
Mejora de hábitos, pero con margen de avance
El desperdicio sigue estando estrechamente vinculado a hábitos cotidianos. Más de la mitad de los consumidores reconoce que olvida alimentos en la nevera o la despensa hasta que se estropean. Otros factores habituales son calcular mal las cantidades, comprar en exceso o restar importancia a productos de bajo valor. En este contexto, los millennials destacan como el grupo más propenso al olvido.
Las frutas y hortalizas continúan siendo los productos más desperdiciados, seguidos por el pan. Entre las principales causas figuran el deterioro del producto, mencionado por el 39%, y los problemas de conservación, señalados por el 30%. Aun así, se observan avances en los hábitos: el 58% congela el pan sobrante y el 57% guarda la fruta en la nevera para alargar su vida útil.
Cada vez más consumidores adoptan medidas preventivas. El 64% congela productos antes de que caduquen, el 56% revisa qué tiene en casa antes de comprar y el 53% evita adquirir cantidades excesivas. Además, el 80% comprueba la fecha de caducidad antes de elegir un producto, el 69% compra solo lo necesario y el 79% revisa el estado de los alimentos frescos para priorizar su consumo. También el 66% organiza los alimentos en la nevera según las zonas de frío.
En paralelo, el 48% afirma aprovechar las sobras para elaborar nuevas recetas, aunque el 31% reconoce que finalmente termina tirándolas porque se estropean, una cifra que mejora respecto al 39% del año anterior.
Mayor implicación del consumidor y oportunidades para el sector
Fuera del hogar, las prácticas también evolucionan positivamente. El 88% de los consumidores asegura que pide la comida sobrante en restaurantes para llevar, consolidando este hábito como una práctica habitual.
En el ámbito de la distribución, persiste la percepción de que los supermercados desechan productos no vendidos, algo que cree el 88% de los encuestados. Sin embargo, solo el 27% afirma conocer iniciativas concretas de su establecimiento para evitar el desperdicio, mientras que un 64% no tiene claro si existen. Esta falta de visibilidad contrasta con el alto interés: el 59% preferiría comprar en tiendas que publiquen indicadores periódicos sobre sus avances en este ámbito.
Por otro lado, los productos con descuento por pronta caducidad ganan protagonismo. El 83% de los consumidores afirma comprarlos, principalmente como compra adicional (29%) o como sustitución de otros productos (23%). No obstante, la principal barrera sigue siendo la duda sobre su calidad o frescura.
El estudio también refleja un mayor conocimiento del marco normativo y, el 51% de los consumidores, afirma conocer la ley de prevención del desperdicio alimentario, frente al 36% del año anterior. Además, el 56% considera que la donación de alimentos es una solución eficaz para reducir el desperdicio y contribuir a disminuir la pobreza, mientras que un 24% la asocia especialmente con la reducción del impacto medioambiental.
Nuevas medidas
Asimismo, los consumidores proponen nuevas medidas para seguir avanzando. Entre las más valoradas destacan los descuentos en productos próximos a caducar (68%), el envasado al vacío (58%) y la venta a granel (56%). También se consideran relevantes iniciativas como ofrecer recipientes para llevar en restauración (63%) o menús de última hora a menor precio (56%). En el caso de los fabricantes, el 63% apuesta por envases con mejor cierre y el 62% reclama una información más clara sobre las fechas de consumo.
Helena de Miguel, subdirectora general de Calidad y Sostenibilidad de la Alimentación del MAPA, ha destacado hoy, durante su intervención, que la nueva ley “es el resultado de una estrategia articulada en torno a tres pilares fundamentales: sensibilizar, regular y cuantificar”. En este sentido, ha subrayado que la norma fija como objetivo principal prevenir el desperdicio alimentario a lo largo de toda la cadena, fomentando una gestión más eficiente de los recursos.
Durante su intervención, Helena De Miguel ha explicado que la ley establece una serie de obligaciones generales para todos los agentes. Entre ellas, ha señalado la necesidad de aplicar una jerarquía de prioridades que priorice la prevención de excedentes, seguida de la donación de alimentos para consumo humano, su aprovechamiento para alimentación animal, su uso como subproducto industrial y, en última instancia, su valorización energética.
Asimismo, ha indicado que las empresas deberán desarrollar planes específicos para identificar las causas de las pérdidas y el desperdicio alimentario y adoptar medidas para prevenirlos. Otra de las obligaciones destacadas es la promoción de acuerdos de donación.
Guía de buenas prácticas
Por último, ha añadido que la ley incluye una guía de buenas prácticas dirigida a las empresas y contempla ciertas excepciones para pequeñas empresas y explotaciones agrarias, con el fin de facilitar su adaptación a la normativa.
En la mesa redonda “Desafíos de la donación de alimentos en el nuevo entorno”, Elisabet Viladomiu, directora general del Banc dels Aliments de Barcelona; Antonio Díaz Otero, Key Account Manager Spain de Phenix; María Pérez Sainz, responsable de economía circular de Nueva Pescanova; y Nuria Riba, jefa de Área de Relaciones Institucionales de Consum, han coincidido en señalar que la prevención del desperdicio alimentario se ha convertido en una prioridad compartida tanto para fabricantes como para distribuidores. Asimismo, los cuatro expertos han valorado positivamente la nueva ley por aportar un marco jurídico claro que favorece su desarrollo.












