El consumo de alimentos ultraprocesados está relacionado con cambios en el metabolismo de los niños, según un estudio liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV), que ha analizado datos de más de mil niños de España y ha identificado 19 metabolitos asociados a esta alimentación.
Según la universidad tarraconense, los resultados muestran que los metabolitos identificados se agrupan en dos perfiles diferenciados, uno relacionado principalmente con el metabolismo de las grasas y otro con el de los aminoácidos. Además, presentan asociaciones con indicadores de salud cardiovascular.
Para estudiar esta relación, el equipo investigador ha trabajado con datos de 1.148 niños y niñas de entre tres y seis años de Barcelona, Córdoba, Pamplona, Reus, Santiago de Compostela, Valencia y Zaragoza, con el objetivo de identificar factores de desarrollo de obesidad infantil.
Para determinar el consumo de alimentos ultraprocesados, emplearon un cuestionario de frecuencia alimentaria y analizaron muestras de sangre de los niños, a partir de las cuales cuantificaron biomarcadores metabólicos relacionados con diferentes procesos del organismo, entre los que había lipoproteínas, ácidos grasos, aminoácidos y marcadores inflamatorios.
Al comparar estos biomarcadores con el consumo de alimentos ultraprocesados, los investigadores identificaron 19 metabolitos, principalmente relacionados con el metabolismo de los lípidos y de los aminoácidos, que se agruparon en dos perfiles diferenciados.
El primero estaba caracterizado principalmente por moléculas relacionadas con el metabolismo de las grasas y asociado con niveles más elevados de triglicéridos, insulina y glucosa en ayunas y con niveles más bajos de colesterol HDL, conocido habitualmente como colesterol ‘bueno’.
En conjunto, vincularon este perfil con una puntuación más elevada de riesgo cardiovascular, que integra indicadores como la cantidad de grasa corporal, el colesterol, los triglicéridos, la presión arterial y la resistencia a la insulina.
El segundo perfil está relacionado principalmente con aminoácidos y presentaba asociaciones con menores niveles de adiposidad, triglicéridos, insulina y resistencia a la insulina y con niveles más elevados de colesterol HDL.
«Lo relevante es que podemos detectar diferencias en el metabolismo asociadas a la alimentación cuando los niños y niñas solo tienen entre tres y seis años. No estamos hablando todavía de enfermedad cardiovascular, sino de señales metabólicas tempranas que nos ayudan a comprender cómo la alimentación se relaciona con la salud cardiovascular desde las primeras etapas de la vida», explica la investigadora sénior del estudio, Nancy Babio.




















