AVA-Asaja cifra en 18 millones de euros las pérdidas sufridas por los agricultores de la Comunitat Valenciana en los cultivos de patatas y cebollas, en una campaña que califican como una de «las más negativas de los últimos tiempos».
Según la organización agraria, que apunta a 10 millones en pérdidas en el cultivo de patatas y 8 en el de cebollas, los agricultores se han visto obligados a malvender sus cosechas muy por debajo de los costes de producción e incluso, ante la falta de un precio que cubriese al menos los gastos de recogida, a dejar perder la producción en el campo.
Entre las causas de este mal ejercicio, la organización agraria apunta a la entrada excesiva de patata vieja de Francia y de importaciones de cebollas y patatas procedentes de países terceros -Chile, Perú, Israel, Egipto, Marruecos, Senegal, Nueva Zelanda, etc.-, que coparon los mercados españoles y europeos desde el principio de la etapa de comercialización. Esto, señalan en un comunicado, «ha contribuido de manera decisiva a hundir la demanda del producto local, ralentizar las compras hasta el mes de julio y desplomar los precios en campo».
Precios en origen
En el caso de la cebolla, los precios ofrecidos por los operadores comerciales a los agricultores han caído a 0,08 euros por kilo (€/kg), frente a unos costes de producción que superan los 0,25 €/kg. En el tramo final de la campaña han llegado a hundirse a 0,03 €/kg, lo que no permite ni siquiera recolectarlas, de modo que algunos productores han optado por ‘rotovatarlas’ con su tractor o regalarlas.
Las cotizaciones ofrecidas por la patata, por su parte, se han reducido a 0,17 €/kg, muy por debajo de los 0,30 €/kg que suponen ya los costes de producción después de encarecerse los carburantes, los fertilizantes y otros insumos.
El presidente de AVA-Asaja, Cristóbal Aguado, ha denunciado que «la campaña de cebollas y patatas ha sido desastrosa de principio a fin. Los agricultores han cumplido las normativas más exigentes del mundo, han afrontado unos costes de producción enormes, han luchado contra el calor y las plagas para obtener la mayor producción posible, pero todo ese esfuerzo ha sido inútil porque la clase política de la Unión Europea ha abierto las puertas de par en par a una producción de fuera que ni es tan fresca, ni es tan saludable, ni es tan sostenible como la nuestra».
«Basta de competencia desleal que viene para echarnos del mercado. O damos preferencia a la producción de proximidad o seguirán aumentando los campos abandonados», insiste Aguado, quien lamenta que «la Huerta de Valencia está protegida por ley, pero el agricultor no puede sobrevivir».












