En mayo de 2021 entraron en Ceuta 10.000 personas nadando desde la costa marroquí en Castillejos, Fnideq.
Conservamos las imágenes de una muchedumbre desesperada en el agua luchando por su vida y la heroicidad de unos guardias civiles jóvenes que se la jugaban pos salvarlos, especialmente a los niños. Marruecos asumió soterradamente la autoría y se dieron razones basadas en la atención médica a un dirigente saharaui por España. Aunque también pesara la declaración del ya de salida presidente de EEUU en diciembre anterior sobre el Sáhara.
Causaron las imágenes de la llegada de los marroquíes nadando tal impacto en el mundo a través de las portadas de diarios y televisiones que la fama internacional de Marruecos cayó estrepitosamente. La de España no se resintió. Ayudó a ello la postura unánime de la Unión Europea y la llegada a la presidencia de EEUU de Biden.
A finales de julio de 2026 han entrado a Ceuta por el mismo procedimiento 70.000 personas, sin entrar en guerras de cifras. Las primeras imágenes muestran una entrada masiva de gente que no puede ser detenida por los guardias civiles de frontera. No hay imágenes heroicas, solo impotencia. Se busca al inductor del asalto, dependiendo del bando se les pone nombre y se constituye así uno de los centros de la polémica.
Aparte del número de entradas a nado, la diferencia entre 2021 y 2026 es la imagen incólume de Marruecos y la caída de la nuestra en la esfera internacional. España es criticada en el corazón de la UE y especialmente por alguno de sus miembros. Podríamos hacer el juego de las siete diferencias pero solo hay una, el presidente de EEUU no es Biden, es el mismo que en diciembre de 2020 declara la marroquinidad del Sáhara, Trump.
Nos enfrentamos a una situación difícil pese a que la mayoría de los que entraron, al igual que en 2021, salieron para volver a su pais. No eran migrantes, por tanto no era una crisis migratoria sino una crisis geopolítica de primer orden cuyos promotores carecen de escrúpulos para utilizar la desesperación en su beneficio. Pero han quedado cinco, seis, siete, ocho mil, aún no se sabe. Son subsaharianos llenos de heridas y marroquíes la mayoría menores de edad. Estos sí son migrantes y son el problema sin resolución.
Nos enfrentamos a tres soluciones posibles. La expulsión directa que condena la reciente Sentencia del Tribunal Supremo. El reparto de los migrantes entre las CCAA, cuestión en la que no hay consenso por la negativa de éstas a acogerlos. O cronificar el problema dejándolos en Ceuta, en lo que estamos ahora.
Dependiendo del bando se elige una de las tres. Si es la primera, pese a la STS, quien decida hacerla incurrirá en un delito de prevaricación al contravenir lo dispuesto en la ley según la sentencia. Si es la segunda se requiere una negociación basada en la buena fé que contribuye a disolver el problema.
Es decir, el problema se cronificará. Ya ha habido en Ceuta ataques de ceutíes contra ceutíes que confunden con los nadadores. Será cuestión de piel. Y el porcentaje de ceutíes musulmanes allí es cercano al 50%.
Mientras tanto, en el juego de las similitudes de ambas entradas hubo muertos en 2021 y ha habido muertos en 2026, la mayoría niños, sin que esto conmueva a los inductores. Sean quienes sean.




















