La finca El Cerro de Bollo Natural Fruit (BNF), ubicada en la localidad sevillana de Carmona, no es una finca cualquiera. Sus 250 hectáreas, dedicadas al cultivo de naranjas y mandarinas, albergan una laguna en su interior y se han convertido en hábitat y sustento de más de medio centenar de especies de animales e insectos.
Hace más de una década que la compañía impulsó un modelo agrícola pionero, la agricultura Bio-Inclusiva, que proclama y practica la protección y promoción de la biodiversidad, algo que, en El Cerro, se ha traducido en tres aspectos fundamentales: la eficiencia hídrica, el control biológico de plagas y la reducción del uso de fitosanitarios.
“El objetivo, en un primer momento, fue diferenciarnos, además de proteger las aves del entorno”, recuerda Jesús Martínez, coordinador del Proyecto P.R.O.O.F de BNF, quien apunta a la optimización del agua de riego como punto de partida del proyecto, al que siguió, posteriormente, la creación de cubiertas vegetales.
Ya entonces, la cuenca del Guadalquivir perdía entre un 6-8 % del agua anualmente, cifra que hoy se eleva al 10 %. Para preservar este recurso básico, la compañía implementó sistemas y prácticas para un riego eficiente, como la colocación de sondas de humedad o la revisión continua del riego por goteo para minimizar pérdidas.
Más tarde, impulsaría las cubiertas vegetales –“la base de todo”, según Martínez-, que contribuyen a mantener la humedad en el suelo, evitan la erosión, preservan el microbioma y ayudan a la instalación y alimentación de la fauna auxiliar autóctona.

“Mientras otros solo monitorean las plagas, nosotros también tenemos en cuenta la presencia de insectos beneficiosos”, comenta Martínez, quien apunta a la importancia del equilibrio entre unos y otros, y la necesidad de sueltas de insectos auxiliares en el caso de que los individuos de la plaga sean mayoría.
Esta apuesta por el control biológico viene aparejada, además, a la reducción del uso de fitosanitarios, ya que, “gracias a la ayuda de los insectos auxiliares, necesitamos menos tratamientos”.
Los beneficios de la agricultura Bio-Inclusiva están claros: la conservación e impulso de la biodiversidad, manteniendo la producción agrícola y reduciendo costes. Además, les otorga la diferenciación que perseguían en un inicio. Y es que, BNF es uno de los pocos comercializadores autorizados para utilizar el sello de WWF.
El ‘hogar’ de animales, aves e insectos
Una vez implementado el modelo y sentadas las bases de esta nueva agricultura, en BNF quisieron convertir El Cerro en el ‘hogar’ de decenas de especies animales, aves e insectos.
Así, colocaron más de una veintena de posaderos para aves rapaces, desde donde otean el campo y atisban a sus presas. También cuentan con cajas a modo de nidos para rapaces, aves insectívoras y murciélagos, además de 25 hoteles de insectos donde, por ejemplo, se ‘alojan’ las abejas.

“Dejamos que la naturaleza haga su trabajo”, insiste Martínez, quien explica cómo, por ejemplo, las presas de las rapaces -roedores, liebres, conejos…- ya no atacan los cultivos.
Este modelo de agricultura ha permitido el resurgir de toda esta fauna y en BNF han desarrollado, incluso, protocolos de conservación de especies en peligro como el sapo corredor, la mariposa arlequín, la tortuga leprosa…
El Cerro y los cultivos de naranjas y mandarinas fueron el punto de partida de un modelo agrícola que ya es una realidad en más de 2.000 hectáreas y que BNF pretende extender a todas sus fincas propias en el corto y medio plazo.



















