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Cuatro de los seis rechazos fueron de cítricos de Egipto.
Europa, Internacional |

Rechazados seis envíos de cítricos a la UE con materias activas no autorizadas

En concreto, según La Unión, los cítricos rechazados procedían de Egipto, Turquía y Brasil, y contenían Clorpirifos, Metil clorpirifos y Demeton, respectivamente.

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El sistema europeo de alertas en alimentos (RASFF, por sus siglas en inglés) rechazó un total de seis envíos de cítricos a la Unión Europea (UE) en febrero por contener materias activas no autorizadas o exceder los Límites Máximos de Residuos (LMR).

Según ha denunciado este lunes La Unió, los cítricos rechazados procedían de Egipto (4), Turquía (1) y Brasil (1). Además, en otro cultivo como el aguacate, la red de alerta europea rechazó cinco envíos, cuatro de Colombia y un quinto de Perú.

En el caso de Egipto, los cítricos rechazados contenían Clorpirifos, mientras que los de Turquía contenían Metil clorpirifos y los de Brasil, Demeton. En los aguacates, todos los envíos fueron rechazados por la presencia de Cadmio.

El Clorpirifos y el Metil clorpirifos no están autorizadas en la UE desde 2020, como tampoco el Demeton. Por su parte, el Cadmio está sometido a limitaciones máximas tanto en alimentos como en fertilizantes.

Rebajas en los controles

La detección de los cítricos egipcios con materias activas no autorizadas coincide, recordaron desde la organización agraria, con la entrada de sus naranjas en competencia con las españolas en Europa y este año, además, con la reducción por parte de la Comisión Europea (CE) de la frecuencia de los controles de inspección del 20 al 10%.

Las autoridades lo argumentan, según La Unió, con que «las naranjas procedentes de Egipto han sido sometidas a un nivel incrementado de controles desde julio de 2022 a causa del riesgo de residuos de plaguicidas, pero que, dado que los controles muestran una mejora en el cumplimiento, el nivel del 20 % ya no se considera justificado y la frecuencia tiene que reducirse al 10 %».

Para La Unió, este argumento «vuelve a caer por su propio peso con los datos oficiales en la mano» y señala que, junto a la rebaja de las inspecciones a las naranjas de Egipto, «también se hace lo propio a los limones y naranjas de Turquía, que pasan del 30 % al 20 %, y a las mandarinas, clementinas, wilkings e híbridos similares, que lo hacen del 20 % al 10 %».

Carles Peris, secretario general de La Unió, critica que «estamos frente a una auténtica competencia desleal y no es justificable que la UE rebaje la inspección cuando los datos de las interceptaciones siguen altos y de los mismos países casi siempre». A su juicio, «no se puede permitir que productos cuyos sistemas de cultivo utilizan materias activas prohibidas en la Unión Europea entren como quieran».

Reciprocidad y más controles

Peris lamenta que «todos estos rechazos y rebaja en las inspecciones se produce sin que haya mecanismos de reciprocidad en los estándares de producción entre los productos importados y europeos, sin la adopción de cláusulas espejo y sin ningún tipo de compromiso tampoco de reducción de materias activas en terceros países como se lleva a cabo en la UE».

La Unió propone incrementar al 50 % el control de identidad y físicos a las frutas y hortalizas de los países con mayor número de intercepciones, como son Turquía y Egipto. Y para que resulten efectivos, reclama que se amplíe el período de estas medidas a 12 meses. Si durante cualquiera de los meses de este período, se observa un incremento del 5 % de las alertas en algún producto, la organización plantea el cierre de las importaciones de estos países y de los productos agrícolas con restos de pesticidas no autorizados en la UE o que superen los LMR establecidos.

Por otro lado, la organización agraria señala que la CE debería reformular su «política de laxitud» en la firma de acuerdos comerciales con terceros países, así como con los países de Mercosur, que «siempre están a la cabeza de los rechazos tanto por materias activas no autorizadas como por plagas».

En este sentido, Peris insiste en que «pretender firmar un acuerdo como el de Mercosur es como firmar una sentencia de muerte contra el campo y sus agricultores y ganaderos porque supone competencia desleal y un agravio comparativo: menos o casi sin aranceles, sin las mismas reglas ni reciprocidad, además de un claro riesgo para la entrada de más plagas».