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Internacional

El brócoli lidera la inflación en Suiza

El impacto de la inflación en Suiza ha sido menor que en el resto de Europa, pero el brócoli se disparó un 45% entre diciembre de 2020 y octubre de 2023.

El impacto de la inflación en Suiza ha sido mucho menor que en el resto de los destinos europeos por una serie de medidas en materia de aranceles y por la amortiguación que suponen los altos precios de la mayoría de los productos que ya se manejan en Suiza.

Pero este tipo de herramientas administrativas no sirvió para el brócoli ni para la gama de hortalizas de fruto -tomates, pepinos, pimientos, calabacines, …-.

El brócoli y el resto de brásicas lideraron el incremento de los precios en todos los productos; el primero, en un 45 por ciento entre diciembre de 2020 y octubre de 2023, según la agencia swissinfo.ch. Después del brócoli, le siguieron las llamadas hortalizas de fruto, que lo hicieron en un 27 por ciento.

Además de las hortalizas, las uvas y la gama de melones vieron elevar su precio en las fechas marcadas anteriormente, en un 13 por ciento. Las uvas y los melones fueron la quinta gama de productos que más aumentaron sus precios. No hubo más frutas y hortalizas que lo hicieran.

Incluso hay una gama de productos frutícolas que vieron bajar sus precios. Liderando el descenso entre diciembre de 2020 y octubre de 2023 se encuentra la gama de berries, que bajaron los precios un nueve por ciento; y la fruta de hueso, que lo hizo en un 0,8 por ciento, a pesar de la falta de oferta en algunas campañas entre el 2021 y 2023.

La gama de productos de hoja y las patatas sólo elevaron los precios en un dos por ciento.

Los motivos

Hay dos motivos por los que Suiza es testigo de una inflación menor que el resto de los destinos europeos. La inflación helvética alcanzó un 2,8 por ciento en 2022 frente al 9,2 por ciento de la UE. La inflación en alimentos fue algo mayor -4 por ciento- frente al 11,9 por ciento de la UE.

El primer motivo es que el precio de los alimentos en Suiza ya es elevado por naturaleza por los altos salarios y los costes logísticos, lo que sirve para operar como amortiguador ante las fluctuaciones de los precios internacionales. La exposición de la inflación impacta relativamente poco el precio final de un artículo alimentario.

«Una parte significativa del precio de venta al público corresponde a la logística, almacenamiento o salarios, pero el impacto del ajuste de los precios de estos componentes es menor en Suiza que las variaciones de precios que se observan en otros países», desvela Thomas Schwab, miembro del grupo de reflexión Bertelsmann Stiftung.

«Es decir, un mayor nivel general de precios en Suiza mitiga la variación relativa del precio de productos básicos, como la banana, comparado con lo que sucede en países en donde los precios suelen ser más bajos», argumenta Schwab.

Un motivo más de la resistencia de la inflación en Suiza es que el precio de los alimentos está regulado por el Gobierno. Suiza tiene el nivel de control de precios más elevado de Europa, lo que significa que el valor de muchos artículos no está a merced de la oferta y la demanda.

A esto se une el sistema de aranceles de importación dinámicos y vinculados con los niveles de producción suiza. «En tiempos de abundancia, los aranceles se fijan en niveles elevados, un mecanismo que hace como amortiguador ante las fluctuaciones de los precios internacionales. En contrapartida, cuando los precios mundiales suben, por la escasez de productos, los aranceles se ajustan a la baja», explica Schwab.

La energía

Otro detalle a tener en cuenta y que no afecta de manera tan directa a la producción de alimentos en Suiza es la regulación del precio de la energía.

El impacto que tuvo el uso de la energía en la agricultura suiza fue de sólo el 0,6 por ciento en 2020, mientras que la media de la OCDE fue del dos por ciento.

El coste de la energía también se vio mitigado por la estructura característica del mercado energético suizo.

La mayoría de los proveedores de electricidad son operadores de redes locales integradas, lo que implica que ellos mismos producen la electricidad que suministran, o la compran a bajo precio gracias a contratos de adquisición de largo plazo. Una combinación de factores que permite mantener estables los precios energéticos.

«En Suiza, la singular estructura del mercado energético contribuye a que el aumento de los precios de la energía sea moderado. Y esto se traduce en tasas inflacionarias menores en los alimentos”, concluye Schwab.