Turquía, Irán, Egipto, Uzbekistán o Moldavia. Son nuevos orígenes que entran en la Europa del Este para saciar las necesidades de fruta fresca durante un julio caluroso, que está marcando la vida de los europeos.
No ha sido un volumen descarado, pero ha servido para que en algunos destinos el precio de la sandía bajase un 50 por ciento en destinos como el ucraniano, y le acompañasen destinos de menor valor como Bulgaria o Rumanía, marcando la dinámica de las sandías helenas.
Es cierto que las nuevas entradas no han repercutido en todos los destinos, porque plazas como Polonia y Rep. Checa han apostado por la oferta española e italiana, y las entradas de los nuevos orígenes no han tenido la repercusión esperada en los mercados centrales.
La oferta de sandía en Europa está cambiando, porque los tamaños se reducen y se busca gama estándar alta. Un cambio importante de esta tendencia lo observan en Italia.
Los italianos siempre se han caracterizado por sandías de gran calibre, pero los proyectos como Dolce Passione o Perla Nera invitan a ver sandías de calibre no tradicional y minisandías, además de marca y valor en una demanda que antes era de precio.
Los operadores de Mercabarna, que abastecen a muchos mercados centrales de Europa, atestiguan que los mayoristas UE miran cada vez más el estándar de calidad de la sandía y unos volúmenes acordes con los nuevos tiempos.














