La Unión Europea ha dado un paso firme frente a la contaminación por microplásticos con medidas, que según han avanzado desde AIMPLAS, Instituto Tecnológico del Plástico, combinarán prohibiciones progresivas y nuevas obligaciones para la industria del plástico.
El objetivo europeo es reducir en un 30 % las liberaciones de microplásticos antes de 2030, lo que afectará tanto a las empresas como a los consumidores.
El Reglamento (UE) 2023/2055 no solo se centra en la prohibición de determinadas aplicaciones, sino que introduce la obligación de calcular y reportar anualmente las pérdidas estimadas de microplásticos a la ECHA (Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas). Las empresas deberán medir y establecer sistemas de seguimiento internos que hasta ahora no eran obligatorios. La primera fecha clave será el 31 de mayo de 2026, límite para la presentación de la notificación correspondiente por parte de las empresas obligadas.
En este sentido, Ángela Martín, especialista en legislación de AIMPLAS, ha señalado que “las empresas deberán anticiparse y adoptar medidas concretas para cumplir con estas nuevas exigencias. Esto incluye el establecimiento de sistemas internos de seguimiento que permitan una medición precisa y un reporte transparente a la ECHA”.
Claves para cumplir con los nuevos requisitos
Para cumplir con las nuevas exigencias europeas, las compañías afectadas deberán comenzar cuanto antes a realizar una revisión interna de sus productos y aplicaciones para identificar dónde se están utilizando microplásticos añadidos intencionadamente. Además, será necesario preparar sistemas internos de seguimiento que permitan calcular y reportar las pérdidas estimadas al medio ambiente. Las empresas también deberán organizar con antelación toda la información requerida para cumplir con los plazos establecidos, especialmente el primer gran hito del 31 de mayo de 2026.
La especialista en legislación ha recalcado que “la clave está en que las empresas no solo entiendan la normativa, sino que comiencen a adaptarse cuanto antes para cumplir con los plazos establecidos. Las fechas clave son inevitables, por lo que la preparación y la gestión temprana serán cruciales”.
Prevención de pérdidas de granza: un reto para la cadena logística
El Reglamento (UE) 2025/2365 también introduce la obligación de prevenir las pérdidas de granza, los pequeños pellets que sirven como materia prima para fabricar plásticos. En este caso, operadores que manipulen más de cinco toneladas al año, así como transportistas y buques que operen en la UE, deberán implantar medidas preventivas y planes de gestión de riesgos. El plazo máximo para implementar estos planes será el 17 de diciembre de 2027. La pérdida accidental de pellets será considerada un incumplimiento legal con consecuencias jurídicas y económicas. Según Ángela Martín, “la gestión de los pellets a lo largo de toda la cadena logística es fundamental para evitar que se liberen al medio ambiente. Las empresas deberán ser proactivas en la implementación de medidas de prevención y planes de gestión”.
Un cambio en la industria del plástico
Los cambios que implica esta nueva normativa para la industria del plástico son profundos. Representa una transformación completa en cómo se fabrican y gestionan los materiales plásticos. AIMPLAS ofrece apoyo técnico en la interpretación de los reglamentos, en los procesos de notificación a la ECHA y en la implantación de los planes de gestión de riesgos exigidos. La seguridad jurídica y la competitividad del sector dependerán de un cumplimiento riguroso de los plazos y de un enfoque técnico sólido.
Además, AIMPLAS lleva años trabajando en proyectos para la prevención de microplásticos en el agua como VALPLAST y MORESAN, que investigan el comportamiento de los microplásticos en diferentes matrices y su impacto en el medio ambiente. VALPLAST estudia la valorización de bioplásticos en estaciones depuradoras de aguas residuales, mientras que MORESAN ha desarrollado métodos para detectar, identificar, cuantificar y caracterizar contaminantes emergentes, como microplásticos, bisfenoles, ftalatos, antibióticos y PFAS, en las aguas residuales urbanas de la ciudad de València.
Finalmente, Cristina Furió, investigadora del Laboratorio de Microplásticos, ha hecho hincapié en que “nuestros proyectos están ayudando a monitorizar la generación de microplásticos, desarrollar métodos innovadores para su detección e identificación, y estudiar los efectos de los micro y nanoplásticos en la salud humana”.



















