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La falta de frío amenaza el futuro de la fruta: un problema local, nacional y global

Los árboles de clima templado necesitan entrar en un periodo de reposo y acumular una determinada cantidad de frío para poder florecer correctamente en primavera.

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El aumento de las temperaturas está reduciendo el frío invernal que necesitan los frutales para florecer y producir con normalidad, un fenómeno que ya obliga a sustituir variedades, modifica el mapa agrícola y amenaza con hacer inviables cultivos en algunas zonas si el cambio climático mantiene su actual evolución, lo que se ha convertido en «un problemón a nivel local, nacional y global».

Así lo apunta en una entrevista con EFE el investigador de la Unidad de Ciencia Vegetal del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) Javier Rodrigo, quien reconoce que cuando se habla del impacto del cambio climático en la agricultura, la atención suele centrarse en las olas de calor estivales o en la falta de agua, pero advierte de que el mayor problema para muchos frutales se encuentra en el invierno.

El frío del invierno, un requisito imprescindible para que haya fruta

Los árboles de clima templado necesitan entrar en un periodo de reposo y acumular una determinada cantidad de frío para poder florecer correctamente en primavera.

Si ese requisito no se cumple, disminuye el número de flores, muchas de ellas son estériles y la producción puede reducirse de forma drástica. Además, las altas temperaturas también afectan durante el resto del año, desde la diferenciación de las futuras flores hasta la calidad final del fruto, que puede ser más blando y más sensible a enfermedades.

No obstante, según Rodrigo, no todos los frutales necesitan la misma cantidad de frío e incluso dentro de una misma especie existen diferencias muy importantes entre variedades. De ahí que un cerezo pueda cultivarse en zonas frías como la Sierra de Calatayud y no en otras mucho más cálidas, mientras que un almendro soporta mejor esas condiciones.

Un problema que ya está cambiando el mapa de la fruticultura

El investigador advierte de que el problema «ya lo tenemos aquí» y que todas las previsiones apuntan a que se agravará en las próximas décadas. «Tenemos un problemón a nivel local, a nivel nacional y a nivel global», afirma al explicar que los modelos climáticos con los que trabaja su equipo muestran una reducción progresiva del frío invernal.

En los escenarios más extremos, explica, la falta de frío no solo reduce la floración, sino que provoca que las propias yemas se desprendan del árbol o queden momificadas. De hecho, señala que ese fenómeno ya se ha observado en algunos inviernos excepcionalmente cálidos en variedades tradicionales de albaricoquero cultivadas en Aragón.

Las consecuencias ya son visibles en otros territorios. Murcia, principal productora de albaricoque de España, está reduciendo su superficie cultivada porque algunas variedades han dejado de adaptarse a las nuevas condiciones, mientras que Aragón está incrementando la suya gracias a que todavía dispone del frío suficiente para mantener esos cultivos.

Aún así, Rodrigo incide en que esa ventaja puede ser temporal. «El tablero de la fruticultura ya está cambiando mucho y va a cambiar todavía más» y algunas variedades que históricamente han producido en Aragón, afirma, podrían acabar desplazándose hacia zonas más septentrionales, incluso Francia.

La investigación busca variedades capaces de adaptarse

Desde el CITA se trabaja también en la modelización del frío invernal con distintos escenarios de cambio climático y diferentes horizontes temporales. «En todos ellos la situación es alarmante», señala Rodrigo, quien denuncia ya no la falta de cumplimiento de los acuerdos internacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que países como Estados Unidos ya ni los firmen.

«Todas las previsiones, todos los estudios que hemos realizado en los últimos años, hay que rehacerlos porque las condiciones son peores. Si los resultados y las previsiones ya eran alarmantes, los que hagamos en los próximos años serán mucho más preocupantes», advierte.

Ante esta situación, el CITA trabaja en varias líneas de investigación. Una de ellas consiste en determinar las necesidades de frío de cientos de variedades para que los agricultores puedan elegir las más adecuadas para cada comarca. Paralelamente, se desarrollan modelos que permiten estimar si esas variedades seguirán siendo viables en las próximas décadas según distintos escenarios de cambio climático.

Además, tanto la investigación pública como la privada están centrando buena parte de sus esfuerzos en obtener nuevas variedades con menores necesidades de frío. Al mismo tiempo, el equipo trata de responder a una pregunta que la ciencia todavía no ha resuelto: por qué los árboles necesitan frío para romper el reposo invernal y por qué unas variedades requieren más que otras.

Estar alerta y actuar antes de que sea tarde

Para el investigador, la clave pasa por anticiparse. Recomienda a los agricultores vigilar los inviernos especialmente cálidos y considerar el cambio de variedades antes de que las pérdidas sean recurrentes.

«Eso es la ruina», advierte al referirse a explotaciones que puedan pasar varios años alternando cosechas normales con campañas sin producción suficiente. También subraya que «no hay una pastilla que, cuando llegue la debacle, permita solucionar el problema de un día para otro», por lo que la adaptación deberá hacerse de forma gradual.

Respecto al agua, Rodrigo precisa que, aunque la sequía puede generar restricciones puntuales, en Aragón la mayoría de las plantaciones comerciales son de regadío y, por ahora, «la disminución de las precipitaciones no es tan alarmante como el aumento de las temperaturas», un cambio silencioso que, como insistido, amenaza con transformar el futuro de la fruticultura mucho antes de que resulte evidente para la sociedad.

Crónica. M.Rosa Lorca.Efeagro