Los fertilizantes reciclados procedentes de sistemas de saneamiento ecológico (ROSS) pueden igualar el efecto positivo de los fertilizantes minerales convencionales, según un estudio publicado en ‘Frontiers in Environmental Science‘, el primero que compila datos internacionales sobre varios fertilizantes reciclados a escala de producto.
Según esta investigación internacional, en la que ha participado la Univesitat de Girona (UdG), la calidad, la seguridad y la eficacia de éstos productos dependen principalmente de las materias primas empleadas, del tratamiento y de las condiciones de aplicación.
La agricultura depende de nutrientes como el fósforo, el nitrógeno o el potasio, recursos cada vez más condicionados por su disponibilidad limitada, coste de extracción o dependencia de mercados internacionales.
En este contexto, los sistemas ROSS ofrecen una alternativa sostenible, ya que permiten recuperar nutrientes presentes en los excrementos humanos, recogidos de forma separada y sin diluirlos, en la medida de lo posible, con agua, y devolverlos al sistema agrícola tras un tratamiento adecuado.
El estudio ha recopilado datos sobre trece tipos de fertilizantes reciclados y concluye que muchos pueden clasificarse dentro de las categorías habituales de fertilizantes minerales, orgánicos u organominerales.
Los resultados muestran que estos productos reciclados son agronómicamente tan eficaces como los fertilizantes convencionales.
«Los datos son claros: los productos elaborados a partir de heces recicladas son equiparables a otros fertilizantes”, ha explicado Moritz Hallama, investigador de UdG.
En esta línea, ha detallado que «los sistemas analizados pueden contribuir a cerrar los ciclos de los nutrientes y reducir la dependencia de importaciones de fertilizantes que tienen un coste económico muy alto y nos exponen a la fragilidad geopolítica”.
“El cambio radica -dice- en ver el contenido de nutrientes de las heces como una oportunidad y no como residuo del que debemos deshacernos”.
Las investigadoras Martina Winker (ISOE) y Ariane Krause (NetSan) han apuntado que la investigación también ha analizado aspectos relacionados con la calidad y la seguridad de los productos.
Han visto que las concentraciones de metales pesados observadas son, por lo general, bajas y comparables a las de los fertilizantes convencionales, pero aún es necesario ampliar el conocimiento sobre algunos contaminantes orgánicos, como residuos farmacéuticos o PFAS.
La investigación incorpora un metaanálisis de 134 conjuntos de datos procedentes de 68 fuentes diferentes, con ensayos de campo, de invernadero e hidropónicos sobre 31 especies de cultivo.
Los resultados no muestran ninguna desventaja sistemática en el rendimiento con respecto a los fertilizantes minerales y evidencian que el efecto de los fertilizantes reciclados depende sobre todo de factores como el tipo de nutriente, el suelo, el cultivo y las prácticas agronómicas.
Para los autores del estudio, la cuestión principal no es demostrar la viabilidad técnica de estos fertilizantes, sino garantizar su calidad, facilitar su regulación e integrarlos de forma efectiva en los sistemas agrícolas existentes, ya que creen que el marco regulador todavía no se ha adaptado plenamente a este tipo de productos.
Mientras que la recuperación de fósforo a partir de fangos de depuradora ya dispone de regulación específica, los fertilizantes procedentes de sistemas de saneamiento orientados a los recursos todavía no cuentan con vías equivalentes de autorización y uso agrícola.
El estudio ha estado liderado por Corinna Schröder y elaborado con la participación de investigadores de Alemania, Suiza y de la UdG, en el marco del proyecto MARA, coordinado por NetSan y financiado por la Fundación Heidehof.





















