FyH Revista
Opinión |

Inteligencia de mercados: no es mejor con más información, sino con mejores decisiones

Por Mari Carmen Masegosa, de Masegosa Dual Comex, consultoría en comercio internacional.

6 min de lectura

Vivimos en una época en la que acceder a la información nunca había sido tan fácil. En cuestión de minutos, podemos consultar estadísticas de exportación, tendencias de consumo, acuerdos comerciales, informes sectoriales o previsiones económicas de prácticamente cualquier mercado del mundo. Paradójicamente, nunca había sido tan difícil separar el ruido de la información verdaderamente útil.

Y esa diferencia es mucho más importante de lo que parece. Porque las empresas no necesitan disponer de más datos. Necesitan comprender qué significan esos datos para su negocio y, sobre todo, convertirlos en decisiones antes que su competencia.

Esa es, para mí, la verdadera inteligencia de mercados.

Los datos invitan al optimismo. Precisamente por eso conviene mirar más allá.

España atraviesa uno de los mejores momentos de su historia exportadora. En 2024, las exportaciones agroalimentarias alcanzaron los 75.090 millones de euros, un 5,9 % más que el año anterior. El sector representa ya el 19,5 % del total de las exportaciones españolas y mantiene un superávit comercial superior a 19.200 millones de euros. Son cifras que confirman la fortaleza del sector y su papel como uno de los principales motores de la economía española¹.

Como profesional, me alegra ver estos resultados. Pero también me llevan a una reflexión.

Cuando una empresa atraviesa una buena etapa suele concentrar todos sus esfuerzos en responder a la demanda, mejorar la eficiencia o ganar capacidad productiva. Es lógico. Lo que no siempre ocurre es que ese buen momento se aproveche para cuestionar si la estrategia internacional sigue siendo la adecuada para los próximos cinco o diez años.

Y esa es, precisamente, una de las conversaciones que más echo en falta en los comités …

La pregunta que menos se hace… y que más condiciona el futuro

En los últimos años he participado en reuniones con empresas agroalimentarias muy diferentes entre sí. Hay debates que se repiten casi siempre: costes, márgenes, inversiones, clientes, planificación de campañas o disponibilidad de materias primas. Todos son importantes.

Sin embargo, pocas veces la primera pregunta sobre la mesa es esta ¿estamos dedicando nuestros recursos a los mercados que realmente marcarán el crecimiento de la empresa en los próximos años?

Puede parecer una cuestión comercial. En realidad, es una decisión estratégica.

Porque elegir un mercado significa decidir dónde invertir tiempo, dónde adaptar productos, dónde construir relaciones comerciales y dónde asumir riesgos.

Y esas decisiones suelen tener un impacto mucho mayor que muchas inversiones que sí pasan por el consejo de administración.

El comercio internacional ya no cambia lentamente

Durante años era posible diseñar una estrategia internacional con una visión relativamente estable. Hoy esa realidad ha desaparecido. El Brexit modificó las condiciones de acceso al mercado británico prácticamente de la noche a la mañana.

Las tensiones en el Mar Rojo obligaron a desviar parte del tráfico marítimo mundial por el cabo de Buena Esperanza, incrementando tiempos de tránsito, costes logísticos e incertidumbre para miles de empresas.

El debate sobre el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur vuelve a poner de manifiesto que los acuerdos comerciales pueden alterar el equilibrio competitivo de determinados sectores.

Al mismo tiempo, Europa continúa elevando las exigencias en materia de sostenibilidad, trazabilidad y cumplimiento normativo. Ninguno de estos acontecimientos, por separado, explica el futuro del comercio internacional. Juntos sí. Todos nos recuerdan lo mismo: los mercados cambian mucho más deprisa que los planes estratégicos de muchas organizaciones.

Y esa velocidad obliga a cambiar también la forma de tomar decisiones.

La información, por sí sola, no cambia una empresa

Existe una idea que intento transmitir con frecuencia a los equipos directivos con los que trabajo. La información no tiene valor por sí misma. El valor aparece cuando ayuda a decidir mejor. Hoy cualquier empresa puede acceder a estadísticas, informes o bases de datos internacionales.

Lo realmente complejo no es conseguir esa información. Es interpretarla correctamente. En prácticamente todas las empresas encuentro cuadros de mando muy completos sobre costes, productividad o rentabilidad.

Sin embargo, es menos habitual encontrar indicadores que permitan responder a cuestiones como estas:

  • ¿Qué mercados están creciendo realmente para nuestro producto?
  • ¿Dónde están aumentando las inversiones de nuestros competidores?
  • ¿Qué cambios regulatorios pueden afectar a nuestras exportaciones dentro de dos o tres años?
  • ¿Existe una dependencia excesiva de uno o dos mercados?
  • ¿Estamos detectando oportunidades antes o después que nuestra competencia?

Responder a estas preguntas requiere algo más que recopilar datos. Requiere análisis, criterio y una observación constante de lo que ocurre fuera de la empresa. Eso es, para mí, inteligencia de mercados.

Liderar también significa anticiparse

Durante mucho tiempo la internacionalización se entendió como una función del departamento comercial. Hoy esa visión resulta insuficiente.

Las decisiones internacionales afectan a la producción, la logística, las compras, la planificación financiera, la innovación y las inversiones. En otras palabras, afectan a toda la empresa.

Por eso considero que la inteligencia de mercados debería formar parte de la estrategia empresarial y no limitarse a un informe puntual cuando se quiere abrir un nuevo país.

La diferencia entre una empresa que reacciona y otra que lidera rara vez está en la calidad de su producto. Cada vez está más en la calidad de las preguntas que se hace antes de tomar una decisión.

Y esa capacidad de hacerse las preguntas adecuadas es, probablemente, uno de los activos más valiosos que puede desarrollar cualquier organización.

Una reflexión para terminar

Después de muchos años acompañando a empresas agroalimentarias en sus procesos de internacionalización, hay una idea que se ha reforzado con el tiempo: las empresas no suelen perder competitividad porque dejen de fabricar un buen producto. La pierden cuando siguen tomando decisiones estratégicas apoyándose en una realidad que ya ha cambiado.

Siempre digo que una empresa puede cambiar de proveedor en pocas semanas. Puede incorporar una nueva tecnología en unos meses. Pero construir un mercado lleva años de trabajo, inversión y confianza. Por eso, una de las decisiones más rentables que puede tomar hoy una empresa agroalimentaria probablemente no tenga que ver con producir más.

Tiene que ver con comprender mejor dónde quiere competir dentro de cinco años. Porque el futuro no pertenecerá a quienes acumulen más información. Pertenecerá a quienes sepan interpretarla antes que los demás y tengan la capacidad de convertir ese conocimiento en decisiones.

Ese será, en mi opinión, el verdadero liderazgo empresarial de la próxima década.

 

Fuentes

  1. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Informe Anual de Comercio Exterior Agroalimentario y Pesquero 2024 (julio de 2025).
  2. Comisión Europea. Monitoring EU Agri-Food Trade.
  3. Eurostat. Estadísticas de comercio exterior de la Unión Europea.
  4. Organización Mundial del Comercio (OMC). World Trade Statistical Review.
  5. ICEX España Exportación e Inversiones.