Cuando hablamos de corrupción deberíamos hablar de la que está en la vida diaria de cada uno de nosotros, no solo de los políticos.
La corrupción es un camino de aprovechamiento de ventajas para el que la ejercita. Y las formas que adopta son múltiples como todos sabemos. Desde el fraude fiscal a la contratación de personal, de la contratación de obra pública a la compraventa de viviendas. Solo se necesita un corruptor, un corrupto, el personal que ampara la operación y las víctimas.
Y siempre caemos en lo mismo: analizar y valorar las virtudes y vicios de los que intervienen en los procesos, cuando lo efectivo es interponer barreras a la corrupción.
Intentaré explicarlo. Si tuviéramos un negocio de hostelería contrataríamos a camareros honrados que no metieran la mano en la caja porque somos conscientes de que esa es la tendencia natural del asunto por el gen egoísta que nos conforma como seres humanos. Pero nadie garantiza la honradez de ningún camarero.
Sin embargo, si instalamos en nuestro negocio un sistema que impida acceder al dinero a cualquier trabajador conseguiríamos que nadie se quede con dinero, que no haya corrupción posible. Sabemos que esto es posible, no solo en la hostelería.
Con el paso del tiempo diríamos que los camareros son un gremio honrado, olvidando que hemos instalado un sistema eficaz. Como lo son a nuestros ojos todos los ciudadanos de los países nórdicos, ignorando que ellos ya instalaron un sistema eficaz.
Este ejemplo se puede trasladar a otros ámbitos y principalmente a las cuentas públicas. Ya dije que la CNMC descubrió que las seis grandes constructoras de España actuaban como un cártel para distribuirse las obras públicas.
El m2 de autopista española cuesta del doble que el m2 de autopista alemana. Esto ocurre independientemente de quien esté en el Gobierno.
En la pandemia, por la urgencia de compra de mascarillas se aligeraron los controles de contratación para la compra. El resultado lo conocemos en parte por los escándalos, pero realmente desconocemos el alcance real de lo defraudado.
No somos conscientes del volumen de millones de euros que se pierden por la corrupción. No podemos seguir ignorando las recomendaciones que nos hacen los organismos internacionales desde la UE a la propia Naciones Unidas.
Contra esta realidad son numerosas las voces que demuestran que existen sistemas de control eficaces que evitan la corrupción estructural que padecemos.
Como ciudadanos libres debemos actuar exigiendo a nuestros gobernantes que tomen las medidas precisas para acabar con esto. No podemos seguir siendo ‘hooligans’ de uno de los dos equipos de futbol apoyando al nuestro y denostando al de enfrente porque los que perdemos somos siempre nosotros. La lista de corrupciones de uno y otro es larga y cuantiosa como para comprobar que lo que digo es cierto.
No son tibios los ciudadanos que exigen a ambos y que analizan lo que tienen delante en cada momento y en cada situación, son comprometidos, tienen criterio propio y reciben bofetadas e improperios de las dos partes a diario.
No podemos decir que unos son más éticos y honestos que otros.
Aún no tenemos la máquina que nos indica quién es honrado y quién no, pero sí tenemos la posibilidad de crear las barreras necesarias.







