La judía se mantiene como una hortaliza popular entre los belgas de más de 65 años, a pesar de que la oferta doméstica se ha visto reducida de manera drástica por los costes de mano de obra.
«No hay relevo generacional con este cultivo y los consumidores fieles envejecen a la vez que lo hacen los productores belgas», expone Guy Jennes, director de ventas de la firma belga BelOrta, en el Centro Flamenco de Información Agrícola y Hortícola (VILT).
Los productores de más edad son los que trabajan este cultivo y «los productores jóvenes casi ya no la utilizan», apunta el ejecutivo belga. Uno de los motivos es que «la producción de judía requiere de presencia en la finca, incluso los fines de semana».
El consumo
Las judías son «especialmente populares en Flandes, donde ha sido un ingrediente básico en la cocina durante generaciones, aunque siempre más apreciadas a medida que la edad avanza», apunta Jennes.
La fidelidad llega hasta el punto de que «los consumidores de más edad no les importa pagar algo más por las judías producidas en Bélgica», señala Jennes.
Las primeras judías belgas llegaron durante la semana pasada a la subasta de BelOrta. Esta empresa cuenta en la actualidad sólo con cinco productores que trabajan esta categoría.















