FyH Revista
Programa Releva de Anecoop
Nacional |

La primera incubadora de agricultores cooperativistas: jóvenes que pueden vivir del campo

Una incubadora lanzada por la cooperativa agroalimentaria Anecoop para impulsar el relevo generacional y reforzar la visión empresarial de la agricultura.

3 min de lectura

Raúl, Blanca y Jerónimo son jóvenes agricultores y tres de los quince participantes que integran el programa Releva, una incubadora lanzada por la cooperativa agroalimentaria Anecoop para impulsar el relevo generacional y reforzar la visión empresarial de la agricultura.

Tienen entre 39 y 46 años y los tres se dedicaron antes a otra actividad: Raúl trabajó en la construcción hasta la crisis de 2009, Blanca estudió Educación Infantil y Jerónimo es ingeniero topógrafo. Y los tres creen que del campo se puede vivir.

Fueron seleccionados para el Programa Releva-Incubadora de Empresarios Agrarios Cooperativos, una iniciativa de Anecoop en colaboración con sus cooperativas socias dirigida a jóvenes agricultores, un proyecto pionero en el ámbito agrario valenciano y del que no se ha encontrado nada parecido a nivel nacional.

En los próximos doce meses se desarrollará el plan piloto en el que participan quince jóvenes agricultores y agricultoras de las cooperativas de Benaguasil, Cheste, Bugarra, Llíria y Univall (que integra a las cooperativas de Llutxent-Otos, La Pobla del Duc y La Llosa de Ranes), todas en la provincia de Valencia, explica a EFE el responsable del proyecto, David Ruiz.

El programa se centra en una mayor profesionalización de las explotaciones agrarias, la elaboración y ejecución de un plan de negocio individualizado, la adopción de valores cooperativos y modelos de liderazgo rural, el desarrollo de capacidades empresariales, digitales y financieras, y la creación de una comunidad de agricultores capaz de inspirar a nuevas generaciones.

El presidente de la cooperativa Ruralfruit de Benaguasil, José Vicente Navarro Arnal, resume así el programa: «Queremos tener una red de gente joven que coja el relevo» y tenga mentalidad cooperativa, un mundo donde «nadie camina solo».

«Por supuesto se puede vivir»

Raúl Cervera, socio de la cooperativa de Bugarra, tiene 46 años y se dedica a la agricultura desde hace una década, tras dejar la construcción. Empezó en el campo por medio de amigos y compró algo de tierra, un tractor antiguo y herramienta de segunda mano. Ahora cultiva 140 hanegadas (unas 12 hectáreas) de cítricos y su familia le dice que no trabaje tanto.

«Esto no es un trabajo, es una dedicación», defiende Raúl, seguro de que del campo «por supuesto se puede vivir». Siempre ha estado dispuesto a aprender y, cuando le comentaron la iniciativa, se lanzó sin dudarlo: «Solo trabajar no vale, nos exigen muchas cosas que no sabemos hacer», admite.

Blanca Mateu, de la cooperativa de Llíria, señala que sus padres tienen tierras por herencia y han ido comprando más, pero que lo suyo no fue vocacional, sino consecuencia de un impás en su vida después de estudiar Educación Infantil y pensar en enfrentarse a una oposición.

«Mi padre me dijo: ‘como veo que no estás interesada en la explotación, voy a venderlo todo'», momento en el que su cabeza hizo ‘click’ y se planteó un proyecto «chulo, innovador y de ruptura de estereotipos de género», explica esta mujer de 39 años que vio en la empresa de sistemas hidráulicos de la familia un valor añadido para seguir con el negocio.

El ingeniero en topografía Jerónimo Rodero, de Cheste Agraria, decidió retomar las tierras de su familia después de trabajar desde 2008 hasta 2023 en su profesión, «una espinita» que siempre ha tenido por haberse criado ayudando en el campo durante los veranos.

Los últimos dos años han sido «duros» debido a la sequía pero ha logrado «seguir y crecer» duplicando la explotación, que comprende 25 hectáreas de viñedo y 7 u 8 de cítricos. Jerónimo defiende el valor que proporciona una cooperativa al agricultor: puedes comercializar sin tener que buscar otras alternativas y ambos empujan en la misma dirección.

Fuente: Inma Martínez. Efeagro