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El día a día en un puesto de control fronterizo: el 1 % de los alimentos no pasa el filtro

Las importaciones sumaron más de 6 millones de toneladas (4 millones de frutas y 2 millones de hortalizas), principalmente peras, tomates, plátanos, kiwis, aguacates y pimiento de orígenes como Marruecos, Colombia, Perú, Estados Unidos y Brasil.

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Millones de toneladas de productos de origen animal y vegetal llegan cada año a los puestos de control fronterizo en España, donde se aplican inspecciones aleatorias y solo un 1 % de ellas resultan «no satisfactorias».

El puesto del aeropuerto de Barajas, uno de los 35 que cuentan en España con la autorización del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y la Comisión Europea, es la puerta de entrada de alimentos de alto valor añadido como carnes, pescados, frutas y hortalizas que llegan en avión de fuera de la Unión Europea (UE).

Un total de 470 inspectores y 108 técnicos se encargan a nivel nacional de controlar que todas las mercancías que entran a la UE cumplen los estándares comunitarios.

A diario reciben la mercancía en el muelle de carga y proceden a realizar inspecciones documentales -certificación sanitaria y fitosanitaria-, de identidad y físicos.

En otra sala dedicada a los productos vegetales, se escoge un kilo de espárragos de Perú, una muestra «suficiente» para analizar la presencia de plaguicidas a partir de más de 50 parámetros.

Un análisis de riesgo completo

El coordinador veterinario de los Servicios de inspección fronterizos de Sanidad Exterior, Pablo Cubillo, destaca durante una visita que las muestras permiten saber en qué condiciones llega la mercancía; si no hay sospechas, se libera para que continúe el trayecto hasta su destino.

Si el resultado es desfavorable, «se analiza el riesgo real de ese parámetro que ha salido por encima de los límites comunitarios y se valora la decisión de retirar del mercado o guardar el dato para establecer en el futuro una alerta o un control mayor», asegura Cubillo.

De esta forma, afirma, se garantiza que las importaciones no contengan restos de pesticidas no autorizados en la UE o por encima de los límites estipulados, una forma de exigir a los productores de terceros países que cumplan los mismos requisitos que tienen los agricultores locales, que llevan tiempo denunciando la falta de reciprocidad.

El coordinador reconoce que no se puede analizar todo lo que entra al 100 % porque «se paralizaría el mercado», pero insiste en que los criterios se fijan en función del riesgo real, teniendo en cuenta las inspecciones anteriores, los casos positivos y las alertas, con vistas a «tener una idea de lo que hay» a partir de un porcentaje de muestras.

Controles selectivos

En 2025, se introdujeron en España 660.000 toneladas de productos de origen animal, sobre todo pesqueros y cárnicos procedentes de Marruecos, Ecuador y Chile, entre los que hubo algo más de 700 controles «no satisfactorios», un 1 % del total, detalla la subdirectora de Acuerdos sanitarios y control en frontera del MAPA, Carmen González.

Además, se realizaron 1.500 pruebas de laboratorio, de las que solo 27 no pasaron el filtro, según datos oficiales.

En cuanto a los productos vegetales, las importaciones sumaron más de 6 millones de toneladas (4 millones de frutas y 2 millones de hortalizas), principalmente peras, tomates, plátanos, kiwis, aguacates y pimiento de orígenes como Marruecos, Colombia, Perú, Estados Unidos y Brasil.

Solo el 0,5 % de los controles a esas partidas dieron un resultado desfavorable, debido principalmente a problemas de control documental (40 %) y a la falta de condiciones de higiene (30 %).

El año pasado, por ejemplo, se realizaron 248 muestreos para la detección de plaguicidas en esos productos, el 24 % más que en 2024, y solo 18 no pasaron las pruebas, según González.

Añade que desde hace un año los servicios de control se han unificado, lo que ha permitido aumentar la eficacia de los controles: el control físico es del 100 % en los productos de origen animal y en los vegetales el porcentaje es menor (depende del producto), aunque ha aumentado de media un 7,5 %.

En el espárrago, por ejemplo, la inspección ha pasado del 5 al 80 % para comprobar la ausencia de plagas y su aptitud para el consumo.

En caso de no pasar los controles y quedar la mercancía inmovilizada, el operador decide si destinarla a alimentación animal y otros usos; llevarla a su país de origen o a terceros países con una normativa más laxa; o incluso destruirla por su coste logístico, sostiene la jefa del puesto de control fronterizo en Barajas, Mar Melero.

También se realizan inspecciones adicionales a la calidad comercial de las importaciones, en lo que se refiere a la categoría, el calibre y el origen, comenta la coordinadora de esa área del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, Sandra Ciudad.

Y aparte están los productos etiquetados como ecológicos, sujetos a control para confirmar que cumplen con los requisitos y no se emplean pesticidas en su producción.

Crónica: Belén Delgado