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El pedrisco deja en el campo la segunda peor siniestrabilidad agraria en 2025

Más de 1,47 millones de hectáreas de superficie de cultivo han sido declaradas siniestro por diferentes eventos climáticos, un 11,1 % menos que hace un año.

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El campo cerró en 2025 su segunda peor cifra de siniestralidad al elevar el gasto de las entidades aseguradoras un 15 % y alcanzar los 804 millones de euros, según datos del consorcio de seguros agrarios Agroseguro, que apunta el importante impacto del pedrisco durante esta campaña.

Más de 1,47 millones de hectáreas de superficie de cultivo han sido declaradas siniestro por diferentes eventos climáticos, un 11,1 % menos que hace un año, si bien los daños causarán más indemnizaciones.

En total, 530 millones de euros abonados por las tormentas, con más de un millón de hectáreas afectadas, un registro que Agroseguro tilda de inédito en los 45 años de existencia del sistema español de seguros agrarios.

La cifra general de siniestralidad es la segunda más alta de la historia, tan solo superada por los 1.235 millones del 2023 de la sequía, pero 2025 también ha sido el año con la mayor contratación histórica, según ha puntualizado la entidad en un comunicado.

El número de siniestros descendieron un 3,77 %, hasta los 1,54 millones.

Por producciones, destacan las indemnizaciones (sin considerar gastos) abonadas por Agroseguro a los productores de frutales, que alcanzaron los 164 millones de euros (un 80 % más que en 2024), debido precisamente a los daños provocados por la actividad tormentosa durante la primavera y el verano.

A continuación, se sitúan las indemnizaciones a los productores de cultivos herbáceos (128 millones), cítricos (86 millones), hortalizas (73 millones) y viñedo (72 millones).

Repaso mensual del ejercicio 2025

Enero estuvo marcado por episodios de helada y fuertes rachas de viento asociados a las primeras borrascas invernales, con daños en cítricos y hortalizas de invierno en el litoral mediterráneo, Andalucía y la Región de Murcia.

Por su parte, febrero transcurrió sin fenómenos de gran impacto generalizado, aunque continuaron declarándose siniestros residuales derivados de los episodios de viento y helada registrados a comienzos de año.

El tercer mes del año registró un notable aumento de la siniestralidad por lluvias persistentes y viento, con episodios de pedrisco localizado, que provocaron encharcamientos y asfixia radicular en hortalizas del suroeste de Andalucía y el sureste peninsular.

Abril fue uno de los meses más adversos del ejercicio, con la entrada de las borrascas Nuria y Olivier, seguidas de un tren de frentes atlánticos, que generaron una intensa inestabilidad con lluvias generalizadas, viento, descensos térmicos y pedrisco, afectando especialmente a herbáceos, frutales y hortalizas.

Llegó mayo entonces, dominado por una elevada inestabilidad atmosférica, con tormentas diarias de granizo de carácter excepcional en amplias zonas de las dos Castillas, el valle del Ebro, Levante y el sureste peninsular; fue, de hecho, uno de los meses de mayor superficie siniestrada del año.

En junio le pedrisco y la lluvia persistente, con especial incidencia en hortalizas, viñedo y cultivos herbáceos, prolongaron los efectos acumulados de la primavera en el campo.

En pleno verano, en julio, se registró una dana que provocó tormentas muy intensas con granizo de gran tamaño, causando daños severos en viñedo, frutales y cítricos, especialmente en la Comunidad Valenciana, Aragón y el norte peninsular.

Dio paso a un agosto con temperaturas excepcionalmente altas y tormentas localizadas, generando siniestros por golpes de calor y pedrisco en cultivos de verano, con afecciones relevantes en hortalizas, viñedo y frutales tardíos; también afectaron los incendios a algunos cultivos.

También hubo pedrisco en septiembre, que afectaron a producciones de recolección tardía, como frutales de pepita y uva, con daños localizados pero de elevada intensidad.

Octubre estuvo condicionado por episodios de lluvia intensa y tormentas, con afecciones tanto a cultivos leñosos como a hortalizas y a determinadas instalaciones agrarias en zonas concretas.

Ya en noviembre, el paso de la borrasca Claudia provocó siniestros por lluvias, pedrisco e inundaciones, especialmente en hortalizas de hoja, agravando los problemas de calidad comercial y retrasos en la recolección.

La borrasca Emilia marcó el último mes del año, con un repunte de la siniestralidad con lluvias persistentes y pedrisco que afectaron gravemente a las hortalizas de invierno.