Frutas

Plátanos del volcán no suponen peligro para el consumo

La presencia de elementos químicos emitidos por el volcán en los plátanos recogidos durante la erupción de Cumbre Vieja en La Palma no supone un peligro para el consumo humano, ya que en ningún caso se excedería el 5 % de la ingesta diaria tolerable de cualquiera de ellos.

Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista científica Chemosfere por investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, del Instituto Tecnológico de Canarias y del Centro Español de Investigación Biomédica en Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición.

La investigación ha demostrado que la deposición de cenizas y nanopartículas de material magmático en la superficie de los plátanos afecta mucho menos al interior de la fruta que a la piel, que absorbe una mayor cantidad de elementos que en determinadas concentraciones podrían resultar tóxicos.

Esto permite que gran parte de la contaminación desaparezca con el lavado que tiene lugar en las plantas de procesamiento, con reducciones del 74 % en 37 de los 50 elementos analizados.

Incluso después del lavado, resaltan los investigadores, hay un aumento significativo de la concentración de algunos elementos de claro origen magmático respecto a los plátanos cosechados en circunstancias normales, como el hierro, el aluminio, el titanio, el vanadio, el bario, o el plomo, la mayoría de los elementos de las tierras raras, el molibdeno y el cobalto.

En todos los casos, la principal culpable de la alta concentración de los elementos analizados es la ceniza, rica en titanio, aluminio y hierro, por ejemplo, si bien la composición puede variar dependiendo de la zona geográfica.

«Hay algunos casos muy llamativos como el titanio, un elemento poco abundante en el fruto, pero que presenta concentraciones muy elevadas en el plátanos sin lavar y que después del lavado se redujo en 96,8 %», detalla el estudio.

Igualmente llamativos fueron los casos de aluminio y el hierro, ambos en concentraciones muy altas en los plátanos sin lavar y que después del lavado se redujeron en un 88 % y 83 % respectivamente.

En el caso de los plátanos lavados previamente, en las pieles solo se encuentran significativas diferencias en zinc y selenio, ambos con niveles más altos en la piel de los plátanos afectados por las cenizas que en los recolectados la semana antes de la erupción.

También se encontraron diferencias significativas en la pulpa de los plátanos respecto al manganeso y el cobalto, que fueron más altos en los plátanos posteriores a la erupción volcánica.

Para los consumidores canarios, que pueden llegar a consumir hasta 420 gramos al día de esta fruta, los plátanos bajo la influencia del volcán les proporcionan casi el 15 % de los requerimientos nutricionales de cobalto, aunque en este caso la diferencia con los plátanos previos a la erupción es mínima.

«Incluso en el caso del hierro, y a pesar de los altos niveles detectados, el aporte nutricional no excedería el 1 % de los requerimientos diarios en consumidores intensivos de plátano«, resume el estudio.

La exposición en el caso más desfavorable, que sería la exposición al vanadio, solo representaría el 4,5 % consumo diario recomendado o tolerable.

En el caso del cadmio, las muestras analizadas mostraban niveles «extremadamente bajos» de este elemento, que solo se detectó un pequeño incremento en las pieles de los plátanos en alguna zona, pero no se trasladó al interior de la fruta, no afectando así a la ingesta diaria recomendada o tolerable por un ser humano.

Se calcula que el material piroclástico emitido por el volcán ha afectado a 3.500 hectáreas, de las cuales el 51 por ciento, unas 1.800, son plantaciones de plátanos, con una producción estimada anual de unos 100 millones de kilos de plátano.