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Industria auxiliar

Tres herramientas para minimizar los efectos del cambio climático en hueso

El IMIDA y el CEBAS-CSIC de Murcia proponen tres herramientas para paliar los efectos del cambio climático sobre los frutales de hueso en las zonas Sur y Levante de España.

El Grupo Operativo ‘Adaptación del Sector de los Frutales de Hueso al Cambio Climático’ ha esta trabajando en los dos últimos años para lograr un mejor conocimiento de los efectos del cambio climático en el hueso.

El grupo ha estado trabajando con tres métodos. El método singular de cultivo son el resultado del manejo del cultivo como la interacción de múltiples factores y más cuando por el cambio climático se están produciendo alteraciones climáticas incontroladas.

En determinadas áreas, especies y variedades, su aplicación ayudará a mantener y optimizar la productividad de algunas especies frutales.

Bioestimulantes

Los tratamientos como productos bioestimulantes para favorecer la salida del letargo son otra de las herramientas. El investigador David Ruiz (CEBAS-CSIC) señala que puede ser de gran utilidad «en condiciones límite de acumulación de frío, como son las zonas de cultivo del Levante».

Mejorar la floración y producción de aquellas variedades cultivadas cuya satisfacción de necesidades de frío está en una situación de riesgo es la clave.

Serían métodos que  palian los efectos del cambio climático en los frutales en situaciones límite de falta de frío invernal.

Los mejores resultados se obtienen con variedades cultivadas en zonas límite o frontera, pero «debemos ser conscientes de que no sustituyen la acción del frío, ni rompen la latencia, solo ayudan principalmente a las yemas de flor que han alcanzado un determinado grado óptimo de satisfacción de sus necesidades en frío», señala Jesús García del IMIDA.

“Por esta razón sólo deben utilizarse en relación al material vegetal cultivado, conociendo sus características de necesidades de frío, y en zonas o áreas límite”, puntualiza García.

Este tratamiento consiste en aplicar foliarmente bioestimulantes para estimular a la yema de flor, «mejorando la salida del letargo invernal y favoreciendo una mayor homogeneidad e intensidad posterior de floración», apunta García.

Mallas sombreo

“Cuando los frutales se cultivan bajo malla antigranizo, las mismas estructuras de soporte pueden ser utilizadas para poner mallas de sombreo en el otoño – invierno», señalan desde el IMIDA y CEBAS-CSIC.

El fin es que los árboles dispongan de mayor cantidad de frío acumulado. “Está comprobado que bajo la malla antigranizo se modifican los parámetros climáticos, particularmente la temperatura, que puede ser disminuida con mayor intensidad con las mallas de sombreo”, añaden.

Todas las prácticas de cultivo interactúan entre ellas. “Ya desde el invierno y antes de la poda, debemos diseñar las prácticas culturales que durante el año aplicaremos, con el objetivo general de cultivar árboles equilibrados”, incide Jesús García.

El programa de fertirrigación, junto a la intensidad de poda y aclareo y su época, deben estar en consonancia con objetivos productivos reales e idóneos, y siempre considerando la variedad y portainjerto que se cultiva y teniendo en cuenta que los patrones vigorosos son más eficientes en el uso de agua y nutrientes”, aclara.