Agricultores españoles que llegaron a Marruecos al reclamo de la mano de obra de obra barata constatan ahora cómo ésta no es garantía de éxito, en un negocio lastrado por la escasez de agua y la presión de los sindicatos. En un momento en que la renegociación del convenio agrícola con la Unión Europea sitúa a Marruecos en el foco de todas las miradas, la atención de los empresarios se centra no tanto en los cupos de exportación, sino en la supervivencia de un proyecto amenazado en varios frentes. «Todas las empresas han tenido problemas, aunque algunas los hayan solucionado mejor que otras. Las huelgas son algo generalizado que empezó a finales de 2007 y que se ha intensificado durante todo el año pasado», explica a EFE la directora de la Asociación Española de Empresarios en Agadir, Carla Lorenzo. Compañías como la sevillana Hortupal, que tiene en la judía verde el eje de su actividad, reconocen «estar como locas por encontrar una solución», después de más de ocho ceses de al menos un día en el último año, y de amenazas de parar la producción prácticamente cada quincena.
Nacional Feb 2009