Hortalizas y verduras

El intenso calor reduce un 10% las previsiones de producción de tomate

Las altas temperaturas y su continuidad durante este mes "preocupan" al cultivo del tomate extremeño por su incidencia de cara a la campaña que arrancará a principios de agosto, pues el intenso calor ya ha provocado que se reduzcan en un 10 por ciento las previsiones iniciales.

El presidente de la Agrupación de Cooperativas Agrarias de Extremadura (Acopaex), Domingo Fernández, ha explicado que las altas temperaturas y su prolongación en el tiempo afectan a la evolución del cultivo, y los daños en este sentido son ya «importantes».

Todo ello en un entorno de «problemas de agua» que obligaron a sembrar un 25 % menos de hectáreas de lo habitual en la región, ha añadido.

Aún es difícil conocer en qué medida repercutirán las altas temperaturas en las cifras de producción que se obtengan a final de campaña respecto a las cifras contratadas a principios de año, ha manifestado.

Los contratos se realizan tomando como base un año normal. No obstante, este ejercicio se han contratado en torno a 1,8 millones de toneladas, pues ya se contabilizó la reducción en el número de hectáreas.

Sin embargo, y aunque la situación mejorase, el calor ha hecho bajar ya en un 10 por ciento estas previsiones de producción iniciales, por lo que “el daño ya está hecho” a la espera de que las temperaturas den la tregua que ayude a unas mejores perspectivas en campaña.

La temporada se inicia habitualmente en Extremadura entre finales de julio y principios de agosto, fechas en las que arrancará este año también la campaña pese al actual escenario.

Domingo Fernández espera que tanto los problemas de agua como los episodios de altas temperaturas no tengan continuidad durante los próximos años, pues ha recordado que el tomate es un cultivo «clave» en Extremadura.

«Desde luego si no hay agua no se podrá ni sembrar, por lo que es muy necesario que llueva», ha incidido el presidente de la organización.

De esta forma, Fernández ha reconocido que 2022 se puede calificar como año «negativo», pues a la carencia de agua, que también ha afectado a otros cultivos como el maíz o el arroz, se ha unido ahora la ola de calor experimentada en julio.